La situación en la frontera greco-turca “no es más que un nuevo ataque a las personas refugiadas, un nuevo paso en el camino de la deshumanización e irresponsabilidad de los gobiernos europeos”. – Miguel Fernández Guerra. Coordinador de Acampa Madrid.

El pasado 28 de febrero, el gobierno turco, liderado por Recep Tayyip Erdogan, dejó marchar a las miles de personas refugiadas que había retenido durante años en condiciones inhumanas en la frontera con Grecia. Pero esto no ha sido una decisión basada en la razón o en la justicia, sino que ha sido una maniobra más en la vendetta contra la Unión Europea. 

En 2015 la Comunidad Internacional se vio ante una de las mayores crisis de refugiados de la historia, fuente del conflicto en Siria, donde una vida segura y digna ya no era posible; no sólo por el conflicto civil, sino por el peligro que presentaba la presencia de grupos terroristas, como el Estado Islámico. Esta situación forzó en menos de tres meses a más de 948.000 mujeres, hombres y menores a abandonar sus hogares y arriesgar sus vidas en busca de refugio, muchos de ellos en territorio europeo.  

Desde entonces y durante 2016, un gran número de Estados miembro decidieron implementar una serie de políticas de admisión selectivas y arbitrarias, dando lugar a cientos de devoluciones en caliente en violación de los derechos humanos y la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. Sin embargo, el acontecimiento que ha desembocado en la actual crisis humanitaria en la frontera greco-turca fue el pacto conocido como Acuerdo UE-Turquía. 

A través de este, Bruselas hizo uso de su posición y del deseo de Turquía de pertenecer a la Unión, y ofreció a Ankara 6.000 millones de euros y la promesa de la eliminación del visado para los ciudadanos turcos, a cambio del compromiso de [re]acoger a los migrantes llegados a Grecia desde las costas turcas. Con una firma, la Unión Europea no sólo dio a Erdogan una herramienta para la extorsión, de la que ha hecho uso; sino que también sentenció a miles de personas a una vida indigna en un país que, recordemos, no es seguro, bajo condiciones inhumanas y opresivas. Pero sobre todo, les privó de su derecho a la libertad. 

Tras el incumplimiento de su promesa y en respuesta a las sanciones contra Turquía por sus exploraciones de gas en aguas de Chipre, el Acuerdo UE-Turquía fue suspendido. Este anuncio, como era esperado, provocó la movilización de miles de personas hacia la frontera griega, donde fueron recibidos con odio, gas lacrimógeno, disparos y violencia. Tratados como criminales y no seres humanos atemorizados que sólo tratan de sobrevivir, muchos fueron arrestados sin justificación. 

Movida por el miedo y la posibilidad de una crisis como la de 2015, la Unión Europea ha decidido apoyar a Grecia, país al que ha denominado “escudo europeo”, en su decisión de, contra lo establecido, suspender el derecho al asilo. Como si esta situación fuese una guerra y las personas refugiadas el enemigo. Es decir, denegar el derecho a hablar y ser escuchado. Además, ha destinado US$780 millones para la gestión migratoria en la frontera y un equipo de control compuesto de vehículos de mar, aire y tierra, y 100 guardias fronterizos.  

A día de hoy, “cerca de 40.000 personas migrantes y refugiadas permanecen atrapadas en las islas griegas” como consecuencia de este Acuerdo, indefensas y vulnerables a los ataques de grupos extremistas y las mismas fuerzas de seguridad. 

Dignidad humana, libertad, democracia, igualdad y derechos humanos. Así recoge el Tratado de Lisboa los valores fundamentales por los que se rige la Unión Europea. Pero, ¿hacia quién van dirigidos? Una vez más, la vida parece no importar, y los seres humanos nos hemos convertido en los peones en el juego de manipulación e interés político. 

A los gritos de auxilio, respondemos con violencia y xenofobia. Denegamos la ayuda, apartamos la mirada y compramos el silencio.  

 

Desde Acampa Madrid reivindicamos, agradecemos y apoyamos las acciones que las organizaciones sociales pertenecientes a la Red Acampa están llevando a cabo, y nos unimos a denunciar que
  • El Acuerdo UE-Turquía constituye una violación del principio de no devolución establecido en la Convención de Ginebra de 1951.
  • La situación actual en la frontera greco-turca constituye una crisis de humanidad que exige la implicación de todos los países.
  • La detención arbitraria de los migrantes y personas refugiadas en la frontera greco-turca constituye una violación al principio de no criminalización y del artículo 9 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

 

Y exigimos que 
  • El gobierno griego reestablezca el derecho al asilo.
  • Se ponga fin al uso desproporcionado de la fuerza contra civiles.
  • La Unión Europea actúe bajo sus principios de solidaridad y respeto por los Derechos Humanos y coordine una respuesta y unas medidas conjuntas y humanas que garanticen la protección de laspersonas refugiadas y migrantes en la frontera. 

  

“Se están violando los derechos humanos en muchos lugares. Pero no nos rendimos porque sabemos que el respeto a los derechos humanos y la dignidad humana es una condición básica para la paz.” – Antonio Guterres. 

 

En Acampa Madrid, seguiremos luchando. 

Autora: Maria Almela Gambin
Fecha: 15/03/2020

link al comunicado oficial: http://madrid.redacampa.org/es/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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